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Jueves
23
Mayo
2013
Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami
18.9.2012
Perturbadora. Esa mujer es perturbadora, y lo era ya desde niña. Cuando cojeaba, lo hacía imperturbable, sin comentarios. 

-De pequeño, cuando oía esta canción, siempre me preguntaba

qué debía de haber al sur de la frontera dije.

-Yo también-coincidió Shimamoto-. De mayor, cuando leí la letra de la canción,

me llevé una desilusión. ¡Sólo era una canción sobre México!

Yo que pensaba que al sur de la frontera debía de haber algo maravilloso.-

 

Perturbadora. Esa mujer es perturbadora, y lo era ya desde niña. Cuando cojeaba, lo hacía imperturbable, sin comentarios. Cuando reía, lo hacía íntegramente, sin fluctuaciones. Y ahora ya de grande, afirma que no existen los términos medios.

 Shimamoto y Hajini eran amigos en la infancia. Gustaban de escuchar las más bellas melodías, pero había otra cosa que les reunía identitariamente: el hecho de ser hijos únicos, el ser del hijo único. Esa es la diferencia que les reúne más allá de la cojera, más allá de la anecdótica enfermedad, más allá de la extrañeza de carácter de esta chica (otra mujer extraña en Murakami, y van…).

Luego la vida siguió sus cauces, sabemos qué fue de Hajini, ya que es el narrador, pero desconocemos y desconoceremos acerca de los veinte años en paréntesis que pasan entre esa infancia y la reaparición de Shimamoto. Un halo de misterio se cierne sobre esta historia nunca dicha, y los lectores nos asombramos ante el nimbo macabro que se cierne sobre ella.

De Hajini, tipo pensativo y prudente (no es en vano que el autor ha elegido ese nombre alegórico, que significa “el principio” en su idioma), sabemos que, nacido en la primera semana del primer mes, del primer año, de la segunda mitad del siglo XX, circuló por una vida ejemplar: su vida estudiantil; su carrera laboral exitosa, su primera novia –diremos su nombre: Izumi-, el vil engaño a ésta marcado por la sexualidad; una próspera adultez, un club de jazz y la familia tipo: esposa e hijas, qué más da.

Y sin embargo, cuando reaparece aquella amiga de la infancia, la narración se altera, la bienaventuranza del mundo del personaje sufre un vuelco, y todas las certezas y las plenas convicciones tambalean.

 El reencuentro con Shimamoto produce un quiebre en la narración que, aunque ampliamente seductor en su comienzo, fastidia y agota a lo largo de las páginas que siguen... ¡”Que tengan sexo!”, pedimos los lectores, una vez terminado un prudencial tiempo de espera.

El personaje, que ya había practicado la traición en su adolescencia, destruyendo a esa mujer que fue Izumi; vacila tanto en su vida adulta que nos resulta una actitud trillada porque vamos, ¿quién tira la primera piedra?

Finalmente, un comentario general del libro puede parecerse mucho al epígrafe que encabeza este escrito: y yo que pensaba que al sur de la frontera podía haber algo maravilloso…

 

 

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