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2013
Los perros de Caer Antur
26.7.2012
¿Alguno conoce la historia del perro Antur- pronunciese “Antir”? Seguramente, la mayor parte de los lectores responderá negativamente…

Los perros de Caer
Antur



                                                         



¿Alguno conoce la historia del perro Antur- pronunciese “Antir”?
Seguramente, la mayor parte de los lectores responderá negativamente…



Con toda probabilidad, habrá más gente que conocerá la
historia de Caer Antur, o el Fuerte
Aventura, más conocido en castellano como El Fortín Viejo, el mal llamado
Fuerte de Rawson.



Se trata de las ruinas del antiguo fuerte que hallaron
los colonos galeses a orillas del Río Chubut cuando llegaron en 1865. Dichas
ruinas fueron reparadas por los colonos, y aprovechadas como habitación-hubo
incluso quienes excavaron sus viviendas en el foso. Allí se encontraban los
colonos en oportunidad de fundarse la ciudad de Rawson- TreRawson o “pueblo de
Rawson”- el 15 de septiembre de 1865, mediante la firma de una acta por parte
del Comandante Julián Murga, algunos testigos argentinos y los colonos galeses
hábiles- por la época, no se consideraba a las mujeres como tales, salvo si
eran viudas, mayores de edad, y siempre que no se hubieran casado de nuevo.



Dicho fuerte había sido fundado entre el 5 y el 7 de
noviembre de 1855 por el explorador, cartógrafo y comerciante galés-argentino
Henry Libanus Jones, y su nombre original era Fuerte Paz. Fue creado por
particulares con el auspicio y colaboración del Gobierno de la Provincia de
Buenos Aires. Por diversos motivos que no vienen al caso, el fuerte- primer
intento fundacional a orillas del río Chubut de que se tiene noticias- debió
ser abandonado. Existe una leyenda sobre una supuesta segunda ocupación del
lugar por  el capitán Edmund Elsegood,
que , en mi opinión, fue nombrado inicialmente por confundirlo con Henry
Libanus Jones, y luego citado como segundo ocupante por quienes conocían el
primer intento- aunque no desestimo la posibilidad de que alguna vez aparezca
un documento que pruebe el segundo.



Los restos del Fuerte Paz, dijimos, fueron aprovechados
por los galeses de 1865. Entre sus muros de barro y en las ruinas de sus
precarias viviendas debe ubicare el sitio de origen de la actual ciudad de
Rawson.



Recordemos que el Mimosa, el barco en que venía el primer
contingente, llegó al Golfo Nuevo el 26 de julio de 1865, muy tarde en la
noche. El 27 desembarcaron algunos hombres para colaborar con las tareas en
tierra, y el 28 de julio se inició el desembarco general. El 29 de julio habría
desembarcado un galés cuyo destino no sería colonizar la Patagonia, sino morir
en poco tiempo: sin embargo, su nombre ha quedado en la historia, tanto debido
a las trágicas y absurdas circunstancias que rodearon su muerte como a la
personalidad del fallecido-un literato y poeta, y, como tal, un idealista, una
de esas personas cuyas convicciones transcurren por ese sutil límite que
separa, apenas, al loco del genio, y a éste del niño.



Este genio-loco-niño era David Williams, el
zapatero-poeta de Aberystwyth, que se internó en el desierto al atardecer del
mismo día de su desembarco, perdiéndose en el desierto para nunca volver a ser
visto con vida. Recién en noviembre de 1867 se hallarían sus restos en un gran
bajo al norte de Rawson, desde entonces conocido como Panty r Esgyrn, o Bajo de los Huesos, del cual lo más conocido en
la actualidad es la región costera, actual paraíso de los pescadores locales,
sitio que aún espera un cartel explicativo que recuerde en honor de quién se le
dio tal nombre.  



La desaparición de Williams motivó que se adelantara la
salida, desde el golfo hacia el río Chubut, de una partida de diecinueve
hombres. Los mismos partieron del actual Puerto Madryn el primero de agosto de
1865, y también se perdieron en el desierto, sufriendo sed, hambre y
desesperación, hasta que el 4 de agosto lograron llegar al río, y a las ruinas
del Fuerte Paz, cuyo nombre fue desde entonces, dijimos, hasta la fundación
oficial de Trerawson, el de Fuerte Aventura, mientras que el nombre con el que
la leyenda lo conoce, el Fortín Viejo, no es más que la frase cariñosa con que
se aludía a él coloquialmente, “…yr  hen amdiffinfa”, según me hiciera observar
en su momento mi amigo Elvey MacDonald, argentino radicado en Gales desde hace
casi cincuenta años.  Se trata
probablemente de una referencia genérica, sin mayúsculas, como decir, en
castellano, “el fuerte antiguo”, sin pretensiones de nombre o topónimo. Como
si, charlando con un amigo, dijéramos: “_¿Vamos
hasta el fuerte viejo?”,
en lugar de decir: “_¿Vamos hasta el Fuerte Aventura?”.



Pero volvamos a nuestra historia. ¿Quién era el perro
Antur?...



Dice Richard Jones, uno de los colonos, que durante los
primeros días de estadía de los diecinueve adelantados en las ruinas del
fuerte, mientras trabajaban reparando las chozas que allí había, llegó al
fuerte un perro, feliz de ver seres humanos, que saltaba y corría frente a
ellos. Los colonos supusieron que el animal podía pertenecer a una tribu de nativos,
y, temiendo un ataque, se prepararon para la defensa. Pero nada de eso ocurrió.
No podían saberlo, pero faltaban aún más de ocho meses para la llegada del
cacique Francisco y su esposa, primeros nativos en hacer contacto con los
galeses.



Por decisión de todos, se le dio al animal el nombre de
Antur-es decir, “Ventura”, “Aventura”,” Intento”. El perro, muy cómodo y alegre
por el feliz encuentro, se quedó con los colonos por varios días, demostrando
ser un excelente compañero. Y no sólo eso: cazó un guanaco y varias liebres,
que fueron aprovechadas por los noveles colonos, sin experiencia todavía en la
caza de los animales patagónicos.



A los pocos días, el perro desapareció, tan
misteriosamente como había llegado. Dice Richard Jones que cuando se les
terminó la carne que Antur había dejado, “…conocimos
escasez
…”, y volvieron a pasar hambre, llegando a comerse un pobre zorro
que, también hambriento, y tal vez, curioso además, se acercó al fuerte, sin
saber que ello le costaría la vida.



Lo que tal vez nunca sepamos es si el perro recibió el
nombre del fuerte, o si, al contrario, el fuerte tomó el del perro. Si lo
segundo es cierto, entonces, tal vez los restos del Fuerte Paz hayan sido
llamados “Fuerte de Antur”, o sea, “Fuerte de [el perro] Antur”. No estaría mal
que fuera así, como homenaje para aquel tan inesperado como fugaz aliado, que
ayudó a los galeses a paliar el hambre atroz de aquellos días. 

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