Juan Román Riquelme, el que juega a la pelota
10.7.2012
Gracias, Juan Román, por tu sonrisa de paz y por custodiar el juego de La Pelota.
No soy un gran ni pequeño seguidor de fútbol, aunque me gusta chusmear esos partidos potreriles que no dejan de nacer en cuanta esquina de barrio exista un par de ladrillos y un cuero redondo para patear. Jugarlo me gusta mucho y creo, medianamente, Creo (me animo a afirmar), que el fútbol es el deporte grupal más complejo que existe. Una de sus genialidades consiste en que en ese rectangular territorio las miserias y virtudes humanas cobran visibilidad brutal. Los heroes, los villanos, los autoritarios y los solidarios También, si me permiten seguir con la pelota, me es imposible desligar al fútbol de los engranajes que visten al ajedrez. Esta precaria introducción es hija de la tristeza y la gratitud que aqui le dejo a Juan Román Riquelme. Hace ya varios calendarios que no asisto a conversaciones de supuestos sabios de la redonda que jamás han estado en ese conflicto entre dos sociedades que se disputa en las pampas verdes de una cancha. Estos parladores de la negación que garúan la belleza y le escapan a la mirada estética de las cosas, de la vida, del intelecto e incluso de la pasión, encuentran terreno propicio para sus argumentaciones en los canales que la dictadura del sentido común apoyadas por un sinnumero de comunicadores que sostienen su insolvencia intelectual en las medias de los medios a los que, caussalmente, el despliegue y enriquecimiento de una visión critica y edificadora sobre la belleza y la estética no sólo no les interesa, sino que no les conviene a sus intereses. Sentencias que parecen más a un speech comercial que a una argumentacion suelen ser: - Es un pecho frio - No corre nada - No tiene gracia - no tiene velocidad - no va para adelante. - no tiene sangre en las venas. - habla aburrido. - etc. Creo, con animo de afirmación, que estos señores combinan frustraciones personales muy profundas con la superficialidad de relatos construidos en fabricas comunicacionales que han obviado una mirada sincera sobre el futbol y en este caso, sobre un jugador. Más allá de si el juego de Román guste o no, Estos sabelotodos de la academia de los culosentadosensillon están ayunos de una mirada autonoma sobre algunos temas, en este caso, el fútbol. Han olvidado estas personas una belleza estética, unas formas y estructuras de juego que eran propias de las herramientas con las cuales nos hemos criado en el fútbol argentino y más allá aún, latinoamericano. Un fútbol que bebía del licor de la picardía, el vino de la elegante destreza. Un fútbol que, sin abandonar el pizarrón de los claustros y de los maestros, se permitía encontrar sus propios senderos, inventando garabatos y firuletes dignos de un Picasso. Riquelme, custodiaba y divulgaba con generosidad esa manera de jugar. Comprender un campo de juego como un conjunto de estrategias en constante transformación, un territorio donde a veces hay que ir hacia adelante rápido, pero que también la inteligencia nos debe enseñar a detener el balón, el tiempo y si es necesario resguardarnos en el patio trasero en pos de mantener la propiedad de la pelota hasta tanto el adversario descuide algun flanco de sus alfiles, sus torres y, por supuesto, de alguno de sus caballos. Juan Román, fuera de la cancha, no era un locutor ni un Larrea para comunicar (en cuanto a ritmo, gracia), pero si hay algo que no podemos negarle es su absoluta fortaleza para opinar gambeteando las garras del patetico sentido común. No me extiendo mas ya que no es mi costumbre escribir sobre fútbol, pero si sobre la belleza, el arte y las actitudes heroicas. Ojalá los chicos que hoy fatigan potreros se tapen los oidos cuando escuchen a los paladines de la negatividad, aquellos que no pueden dejar de tener una mirada europea de nuestro futbol, y sepan abrevar del aljibe estetico y epico que Riquelme dejó como escuela. Gracias, Juan Román, por tu sonrisa de paz y por custodiar el juego de La Pelota. Calaverita Mateos www.calaveralma.com.ar
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