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Miércoles
19
Junio
2013
Carlos Fuentes
30.6.2012
Toda la obra de Fuentes presentó un fuerte grado de politización. Por eso sería impensable que no fuese consciente de la contradicción en la que vivió. 
Con la muerte de Carlos Fuentes, el escritor y ensayista mexicano, desaparece una de las últimas figuras del famoso “boom latinoamericano” (no voy a entrar a cuestionar el término con el que se denominó este movimiento ya que así fue reconocido). Es decir, fue alguien que se destacó dentro de la literatura y que contribuyó a que nuestras letras fueran conocidas en el mundo. Generó  el  contacto con  editoriales señeras de España para A.L. Los ensayos de Fuentes marcaron un rumbo en la búsqueda de una crítica que pudiera interpretar la literatura latinoamericana.

Fue un lector voraz con una obra prolífica y una participación intensa en ámbitos distintos. Podríamos hablar de Carlos Fuentes como narrador, como ensayista, como hombre público o como político. Representó en la década del sesenta y en las siguientes  la figura del intelectual, que al igual que Cortázar, difundió nuestra cultura por el mundo.

            En uno de sus ensayos,  Geografía de la novela (1993), expone cinco principios que explicitan su concepto de la “nueva novela”:

-La novela sería una búsqueda del conocimiento mediante la imaginación;

-Un intento de reemplazo del discurso oficial sobre la nación por el relato imaginario de la nacionalidad;

-Un encuentro de lenguajes, de tiempos históricos distantes y de civilizaciones que, de otra manera, no tendrían posibilidad de  relacionarse;

-Un interrogante crítico acerca del mundo;

-Un acto egoísta que nos enseña a tener conversaciones espléndidas con nosotros mismos;

 

El proyecto de la narrativa de Fuentes puede ser pensado a la luz de estas cinco aproximaciones; la de un proyecto de historia alternativa de la nación mexicana en la que lo imaginado puede dar cuenta de la identidad común.

A lo largo de sus escritos, tomó como eje ciertas ideas sobre las que va girando y que son claves en su narrativa, actúan como hilos fundamentales, esos son los conceptos de identidad, totalidad, mito, lenguaje, revolución, novela, cosmopolitismo, tiempo, historia y utopía.

             

Está pensando la novela como un espacio en el cual se puede dar cuenta de otra representación del devenir temporal. Por supuesto, alejada de la novela realista que se ceñía a la representación lineal y que se acercaba al discurso de la historia. Cuando habla de la novela, se refiere a un espacio en el cual es posible pensar identidad y totalidad en términos más amplios y comprensivos de los que permitiría esa representación lineal del tiempo.

Es decir, escribir de lo americano no en un tiempo histórico sino en un tiempo novelístico, considerando al tiempo como la categoría más elástica, la que tiene más plasticidad a la hora de ser representada. Ese es el procedimiento fundamental de su narrativa. A partir de esto, Fuentes analiza el tiempo pasado en términos de tradición, de herencia, de multiplicidad cultural, y a su vez revisa los archivos oficiales (figuradamente), me refiero a aquellos acontecimientos que los discursos oficiales guardan para validar la historia, y desde donde  elabora su crítica.

Con respecto al proyecto de ubicación de la identidad mexicana, su esfuerzo apunta a la creación de un lenguaje particular que funcione para la configuración de esta nueva narrativa. Esto lo trabaja como narrador y  como crítico.

En otro de sus ensayos en que trabaja sobre la “nueva novela”, llamado precisamente La nueva novela hispanoamericana, lleva a cabo tres operaciones, una teórica, otra crítica y otra política. Desde lo teórico pone en juego un conjunto de elementos que establecen buscando la especificidad de la literatura latinoamericana, a su vez va trabajando en una operación critica con los textos literarios y los está organizando. Hace una actividad de corte y selección, que lo lleva a una postura política al armar un nuevo canon en el que establece criterios de inclusión y exclusión. Este será el canon reconocido “oficialmente” de la literatura del boom, donde quedaron importantes obras excluidas, lamentablemente.

La palabra “nueva” atraviesa la literatura de los sesenta en Latinoamérica, pero en este caso, la voluntad de “nuevo” aparece enmarcada en esa década en la que el contexto sociopolítico del continente tenía idea de que el cambio estaba allí, próximo, y que la revolución era inminente. La revolución cubana está tematizada en la serie literaria, y en esto se refleja el concepto de utopía. Fuentes habla de “voluntad de utopía”, que significa pensar América no como fue descripta por los europeos, un espacio a reconocer, sino como un potencial de toda la herencia cultural del mundo.

Fuentes usó a la novela como una “Imago mundi”, es decir la capacidad que tendría la novela de representar una imagen del mundo, de ese modo respondía a uno de los interrogantes que se hace en el ensayo antes mencionado: -“¿como puedo abarcar la totalidad? - , no con el discurso de la historia, sino con el discurso de la novela”.

Para la narrativa latinoamericana fue muy importante el trabajo que propuso sobre el lenguaje. En un artículo que escribe sobre Faulkner (1962), Entre el dolor y la nada, se pregunta: “¿Cuál es el camino actual de la novela?”, y responde: es el encuentro con la poesía. La idea de que el lenguaje poético es el que tiene menos compromiso referencial, permite a la novela romper con ese sometimiento del mundo que debe describir. Y toma a Faulkner como modelo quien está escribiendo en un momento en que la realidad se está resquebrajando, y cuando la realidad se resquebraja, lo único que queda en pie son los mitos y el mito sólo es mantenido por la memoria. Todo lo que se recuerda es presente, por lo tanto el mito que es pasado, lo vuelve a representar y logra hacerlo vivible.

Toda la obra de Fuentes presentó un fuerte grado de politización. Por eso sería impensable que no fuese consciente de la contradicción en la que vivió. Como intelectual perteneciente a la burguesía, explica en estos términos la posición contradictoria del escritor latinoamericano: “Por el sólo hecho de serlo en una comunidad semifeudal y colonial,  iletrada, el escritor pertenece a una élite y su obra es definida en alto grado por un sentimiento, mezcla de gratitud y vergüenza, de que debe pagarle al pueblo el privilegio de ser escritor y de convivir con la elite. Pero también, por una sospecha destructiva de múltiples generaciones literarias, de que, a pesar de todo, solo se  dirige al ala liberal de la elite, al ala conservadora, y que ésta escucha sus declaraciones con soberbia indiferencia”.

Claramente Fuentes reconocía la distancia que separaba a los escritores de las masas, quizá por eso Artemio Cruz, que representa el nuevo orden burgués luego de la revolución mexicana, sea el personaje más estigmatizado, al que carga con todas las lacras sociales. Quizá mostrándolo, exponiendo las contradicciones del ala liberal, el escritor deje de pagar los privilegios de la élite.        

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