I.- Carlos Fuentes fue jurado del Premio Letra Sur durante las más maravillosas veinticuatro horas que ha vivido el aún joven Premio de Novela. Fue el 14 de Mayo, un día antes que el escritor mexicano dejara de existir, imprevistamente…como si existiera la muerte prevista…
Pero vamos un poco para atrás en el tiempo.
Gracias a la generosa amistad de Javier Martínez conocí a Carlos Fuentes en Buenos Aires, cuando vino invitado a la Feria del Libro.
No puedo recordar la fecha exacta pero fue una tarde de principios de mayo en la fundación Tomás Eloy Martínez, que funciona en la Biblioteca Municipal Miguel Cané, en el barrio porteño de Boedo, que ha ganado fama internacional por ser el primer lugar en el que se empleó el escritor Jorge Luis Borges.
Fuentes, con ese don de agradar tan mexicano, contó cuando conoció a su amigo Tomás Eloy Martínez, en el año 1962: ambos compartían un balcón suspendido sobre la avenida Quintana en Buenos Aires, estaban también Augusto Roa Bastos, Ernesto Sábato (a quien, sostuvo él, lo echaron del balcón porque ya eran muchos) y Francisco Petrone, admirando la belleza de una mujer de espaldas. Temerosos de que el balcón no aguantara el peso, lo abandonaron. Lo que nunca más abandonaron fue una amistad que cultivada hasta la muerte, hoy de ambos.
La misma anécdota fue contada al Diario el País de España por Tomás Eloy de esta forma: “Conocí a Carlos Fuentes en Buenos Aires, la primavera austral de 1962, cuando él volvía del Congreso de Intelectuales organizado por la Universidad de Concepción, en Chile. Allí había deslumbrado a todos, desde Gonzalo Rojas y Pablo Neruda hasta el arisco José María Arguedas. Lo recuerdo de pie en un frágil balcón de la calle Arenales, en el séptimo piso de un departamento elegante, a la caída de la tarde, admirando las espaldas de una mujer espléndida que escuchaba, extasiada, una disertación de Ernesto Sábato sobre la decadencia de la novela francesa. Junto a Fuentes estábamos Augusto Roa Bastos, Enrique Pezzoni, José Bianco y yo mismo, un adolescente casi que no osaba abrir la boca. El suele decir que también el actor Francisco Petrone se incorporó al grupo, pero a mí se me ha borrado de la memoria, quizá porque no aparece en las fotografías de ese anochecer.”
Macarena, mi sobrina, me acompañó aquel día que conocí a Carlos Fuentes. Con esa visión de la muerte que uno tiene a los 18 años, me dice hoy que no puede entender que ese tipo alegre, rodeado de admiración, que ella vio vivo, días después se haya muerto…
Junto con Ezequiel, Tomás y Gonzalo, los hijos de Tomás charlamos un momento con Fuentes y su mujer Silvia. Como es una marca registrada de Tela de Rayón, lo invité a visitar la Patagonia, a lo que me pidió que no elevara la voz para que no escuche su mujer porque si no se vería obligado a venir al Sur; ella, dijo, soñaba con conocer la mítica Patagonia. También le propusimos ser jurado del Premio Letra Sur. Fuentes adujo estar muy atareado pero prometió evaluar la propuesta. Para tener una idea de lo difícil que es contar con Fuentes en un jurado, el Premio Clarín de Novela hacía cinco años que venía tratando, sin suerte, de tenerlo entre sus jurados.
Es así que, luego de formalizar mediante un mail la propuesta a Silvia Lemus, su mujer, el día 14 de mayo recibimos la respuesta de Carmen Balcells, su representante literaria en España: Carlos Fuentes aceptaba la propuesta de ser jurado de la edición 2012 del Premio Internacional de Novela Letra Sur, que Tela de Rayón y el Grupo Jornada organizan junto con Editorial El Ateneo.
Al día siguiente en Buenos Aires estábamos reunidos con todos los organizadores, tratando de pensar la dimensión global que para el premio representaba contar con un escritor de la talla de Fuentes, cuando en medio de la reunión suena el teléfono y alguien le informa a Javier, el hijo de Tomás Eloy Martínez, que Carlos Fuentes acababa de morir en México. Quedamos todos mudos, parecía una broma de mal gusto, un cuento de los que eran tan afectos tipos como Fuentes, o Gabo o Tomás. Pero era verdad, la consulta en Internet nos trajo la noticia “El escritor Carlos Fuentes falleció esta tarde (12.15 horas, hora de México) a los 83 años de edad en el hospital Ángeles del Pedregal, debido a una hemorragia interna provocada por una úlcera rota, informó el médico Arturo Ballesteros del hospital.”
Dudé mucho si debíamos contar esta historia, podría haber dicho que tuve la suerte de conocer a uno de los grandes de la Literatura Latinoamericana, justo antes que falleciera. Pero pensé por qué no contar el honor que significó para los organizadores de un Premio de Novela que intenta crecer en el universo literario de habla hispana, que Fuentes aceptara formar parte del Jurado. Efímera es cierto, solo 24 horas, pero felicidad y orgullo al fin. Orgullo en definitiva porque lo que atrajo a Fuentes no fue la cantidad de novelas participantes o la retribución que iba a percibir, sino la Patagonia, la tierra que nosotros y los lectores de Tela de Rayón elegimos para vivir.
II.- Repasemos a Fuentes; escribía así: “Pero recordarás otras cosas, otros días, tendrás que recordarlos. Son días que lejos, cerca, empujados hacia el olvido, rotulados por el recuerdo fueron y serán algo más que los nombres que tú puedas darles: días en que tu destino te perseguirá con un olfato de lebrel, te encontrará, te cobrará, te encarnará con palabras y actos, materia compleja, opaca, adiposa tejida para siempre con la otra, la impalpable, la de tu ánimo absorbido por la materia: amor de membrillo fresco, ambición de uña que crece, tedio de la calvicie progresiva, melancolía del sol y del desierto, abulia de los platos sucios, distracción de los ríos tropicales…” (De "La muerte de Artemio Cruz").
Era uno de los más importantes escritores de habla hispana, con 25 novelas publicadas. Obtuvo los premios Cervantes y Príncipe de Asturias. La repercusión que alcanzó con sus primeras novelas (La región más transparente, en 1959; y La muerte de Artemio Cruz, en 1962) lo proyectó como una de las figuras centrales del llamado “boom” de la novela latinoamericana. Al igual que los demás intelectuales que participaron de este fenómeno, su compromiso político y social ha sido, desde entonces, un rasgo fundamental de su carrera intelectual: "Lo que un escritor puede hacer políticamente - afirmó en un ensayo para la revista Tiempo Mexicano, en 1972 - debe hacerlo también como ciudadano. En un país como el nuestro, el escritor, el intelectual, no puede ser ajeno a la lucha por la transformación política que, en última instancia, supone también una transformación cultural."
Carlos Fuentes nos dejó muchas enseñanzas. Creía sin discusión en la disciplina, en aquello de sentarse todos los días a las ocho de la mañana en su estudio y trabajar. La voluntad fue su mayor virtud. “Yo creo que no hay inteligencia sin voluntad. Si no se ejerce la inteligencia al mismo tiempo que la voluntad, simplemente, ¿qué objeto tiene la inteligencia? La desaparición total de la voluntad en aras del crecimiento de la inteligencia es una bella contradicción... Para tratarla en la vida cotidiana, necesitamos las dos juntas”, fueron algunas de sus sentencias antes de morir.
En una de las tantas notas que dio a los medios argentinos durante su visita al país decía: “Mi sistema de juventud es trabajar mucho, tener siempre un proyecto pendiente. Ahora he terminado un libro, “Federico en su balcón”, pero ya tengo uno nuevo, “El baile del centenario”, que empiezo a escribirlo el lunes en México”. Ya no le quedaban muchos lunes al escritor…
Fuentes fue uno de los pocos escritores que con cada obra seguía revolucionando las letras. Sus novelas nunca siguieron un patrón y tuvieron un carácter permanentemente experimental.
Por último les dejamos otra perla de lo que escribió: “¿Cómo te nombraré… amor… cómo te acercaré… nuevamente… a mi aliento… cómo te suplicaré… la entrega… cómo te acercaré… nuevamente… a mi aliento… cómo te suplicaré… la entrega… como te acariciaré las mejillas… cómo te besaré… los lóbulos… cómo te respiraré… entre las piernas… cómo diré… tus ojos… cómo tocaré… tu sabor… cómo abandonaré la soledad… de mí mismo… para perderme en… la soledad… de los dos… cómo repetiré… te quiero… cómo desterraré… tu recuerdo pare esperar tu regreso?”.
Carlos Fuentes me dejó de regalo en aquella tarde de mayo una dedicatoria en una de sus novelas “Adán en Edén”. Allí escribió: “A Walter desde el infierno”. La muerte siempre fue su musa, coqueteó con ella, hasta que un mediodía cálido de otoño se le presentó en su casa, sin anunciarse.