Registrarse Ingresar
Martes
21
Mayo
2013
Milo Lockett: arte y parte
26.1.2012
Milo Lockett es un artista plástico chaqueño nacido en 1967. Autodidacta, en el año 2002 abandonó la industria textil para dedicarse a su hobby: la pintura. Y se convirtió en éxito de ventas.

          

Milo Lockett es un artista plástico chaqueño nacido en 1967. Autodidacta, en el año 2002 abandonó la industria textil para dedicarse a su hobby: la pintura. Y se convirtió en éxito de ventas.
          Hoy, ocupado en muestras nacionales e internacionales, siempre tiene tiempo para dedicarse a obras benéficas.
          El sábado 21 de enero se presentó en Puerto Madryn, para pintar en vivo en el recital de Gustavo Santaolalla, en el primer evento al aire libre del verano.
          En el Museo de Arte Moderno de esa ciudad, y hasta el 4 de febrero, se puede visitar su muestra.

 
En un momento de tu vida cambiaste la industria textil por la pintura a tiempo completo, ¿te sentís un ejemplo inspirador?

          Últimamente sí. Me apareció mucho la referencia de que a la gente le parece interesante el hecho de poder tomar una decisión así tan drástica y hacer un cambio y que cambie tu vida. Pero siempre trato de ser cuidadoso, porque no todas las vidas son iguales, no todas las posibilidades son iguales y cuando yo elegí el mundo del arte lo elegí como un lugar para estar tranquilo, en ese momento yo necesitaba hacer algo que sea distinto a lo que hacía y nunca me imaginé que iba a tener una carrera, simplemente pensé que iba a ser una cosa de tránsito. Pero después cambió todo, se convirtió en una carrera, la desarrollé y tuvo un final feliz.
            Pero cuando uno elige una carrera artística tiene que estar preparado para saber que muchas veces no se puede vivir de eso, que muchas veces las expectativas no son las que uno tiene, uno no puede pensar que va a tocar la guitarra y va a ser  el mejor guitarrista del mundo o el mejor pintor del mundo, y eso también me gusta siempre aclararlo, porque sino es como que uno crea expectativas en los otros y dice “no, dejá todo y largate, fijate que a mí me fue bien y a vos también“. Puede no salir bien.

¿Es un poco de trabajo y un poco de suerte?

          Para mí es mucho de trabajo y hay un público que te elige, hay algo que decide que te tocó a vos. Y después tenés que ver cómo lo sostenés en el tiempo… ahí entra el trabajo, el talento, las ganas de todos los días, de saber que uno tiene que pintar todos los días, no un rato. Ya es un trabajo.

¿Con qué puertas abiertas y con qué obstáculos te encontraste en ese cambio?

          En el primer momento me parecía todo increíble, porque estaba descubriendo la parte del arte. Y después el ámbito, que es bastante hostil, bastante duro, ya no es tan romántico y uno tiene que construirse un lugar todos los días. Es duro, a mí me resulta un poco hostil todavía, un poco áspero, no me seduce tanto el ámbito artístico.

Has realizado talleres para niños e ilustrado libros para niños ¿te sentís un poco niño cuando pintás?

          Sí. El dibujo más puro para mí es el dibujo de los niños. Es el dibujo más honesto también. Los niños pintan y dibujan como ven, con ese realismo mágico y abstracto de la realidad. Los niños son crueles y son buenos, esas son características buenísimas, no hay especulación, y me parece que es la parte más difícil de tomar de ellos.
            Uno puede tener un lenguaje parecido al de los niños y respetar ciertos códigos de estética, pero esa posibilidad que tiene el niño de pintar una ballena rosada o pintar un árbol amarillo, de poder elegir el color que quiere y sentir esa libertad en la que la forma ya no importa… no hay fórmulas para las formas en el dibujo de los chicos y eso es muy lindo y difícil de tomar.
            Uno siempre dice esa frase hecha de que quiere “dibujar bien” cuando en realidad lo que tenemos son lenguajes. Es como decir “yo quiero hablar bien” y todos hablamos… en el lenguaje plástico pasa eso: todos dibujamos, todos pintamos y lo que hay que entender es que todos tenemos una forma de pintar, una forma de dibujar, y que es un lenguaje.

En los talleres que das para niños, ¿qué se enseña y qué se aprende?

          Yo creo que se aprende más de lo que se enseña. Es muy difícil la palabra enseñar, es muy pretenciosa. Uno puede enseñar una técnica, pero después cada uno hace una representación de esa técnica o la ocupa de una manera distinta. En el caso de los chicos a mí me parece que hay que dejarlos ser y hay que dejar que se expresen libremente. Yo creo que cuanta menos condición tiene el ser humano es más directo el acceso al lenguaje propio. Uno más rápido decodifica de qué manera se va a expresar, de qué manera va a dibujar, de qué manera va a elegir un color. En el caso de los chicos me parece que eso es muy importante porque no hay tanta pretensión, los chicos ven de una manera, ven un elefante y tiene cinco patas, ven un perro que tiene tres, una foca que camina y tiene pies largos…  el dibujo de los chicos es maravilloso porque tiene una fantasía y una carga emocional distinta a la que tiene el de una persona grande, en el que hay una especulación estética… yo especulo estéticamente con que guste, en el caso de los chicos me parece que son muy honestos porque no piensan en el color, pueden hacer un árbol fucsia y una montaña azul y lo hacen honestamente, como ellos lo ven o como ellos suponen que es. Y eso me parece que es increíble porque es honesto, en el momento, en la emoción, y eso no se puede copiar y tampoco se puede aprender.

¿Hay músicos que te inspiran o te hacen sentir cómodo cuándo pintás?

          Me gusta todo lo que sea alternativo. Después tengo preferencias de rock que me gustan. Me gusta mucho la música de Andrés Calamaro, los hermanos Calamaro los dos me gustan y me gusta mucho también Bajofondo, ahora estoy escuchando mucho el disco “Campo”, de cumbia electrónica, que es el último disco. Después me gusta mucho María Callas, me gusta la música clásica. Muchas veces escuchamos cumbia, porque trabajo con ayudantes y ellos escuchan cumbia. Respeto mucho cuando ellos deciden escuchar algo…

¿Cómo surge esta performance junto a Gustavo Santaolalla?

          Es una propuesta de él. Nos hicimos amigos acá en la Patagonia, por otro trabajo. Y empezó a pensar en que quería grabar algo, quería hacer música y que yo pinte y que tengamos como una performance, y yo lo acompañé en la idea. Él es muy generoso y le gusta mucho experimentar. Es interesante y la verdad es que estoy con un poco de nervios, por tratar de estar a la altura de los músicos con los que voy a estar en el escenario, estoy muy comprometido y voy a tratar de hacer lo mejor que pueda.
            Lo que me parece interesante es verlos a ellos en un dvd y de golpe estar compartiendo el escenario. Me pasó anoche cuando subí al colectivo, cada vez que los cruzo me pasa eso. Por ahí uno tiene una relación con la música de ver el disco, de escuchar al artista, pero otra cosa es cuando vos sos parte del grupo y te parece raro, ¿qué está pasando acá?

¿Qué aporta la música a tu pintura y viceversa en estas presentaciones?

          La gente va a tener la posibilidad de disfrutar de dos situaciones: justo hay una muestra mía acá en el museo y me van a ver pintar en vivo, que es una posibilidad única porque es la primera vez que estoy en Puerto Madryn. A lo mejor pueda pasar otra vez más adelante, dios quiera que sí, porque me gusta mucho y me encantaría volver. Me gusta esa posibilidad de que te vea una persona que está en tránsito, como pasó con unas chicas que no lo podían creer, porque les gusta por un lado Bajofondo y por otro lado les gusta mi pintura. Esa posibilidad además es azarosa, también, porque podríamos haber ido a La Quiaca o a Ushuaia, pero se eligió Puerto Madryn.
            Me parece que como experiencia visual es linda, que puedan ver cómo se fusionan dos cosas que son tan distintas. Me parece que a mí como espectador me gustaría ver un pintor que me gusta y un músico que me gusta, que toquen y que uno pinte es interesante. Vamos a experimentar a ver qué sale. Yo tengo una tela en blanco y lo que sale, sale en el momento. Y esa obra va a quedar para Puerto Madryn.

¿Qué respuestas obtenés del público cuando pintás en vivo?

          Yo pinté muchas veces en público, no tengo mucho conflicto con el público, todo lo contrario, me gusta, me hace bien. No tengo muchos conflictos porque trabajo con muchos proyectos con gente todo el tiempo, y todo el tiempo estás expuesto: en la calle, en muros.
            Hace poco pinté en el museo de Córdoba, en el Calafa, pinté toda una sala de cuarenta y pico de metros, una obra espectacular, muy linda. Pinté toda la sala en vivo durante varios días, cuatro o cinco días de pintura. A mí me parece que a la gente le gusta mucho porque es como que ven tu secreto, como que vos les mostrás también que no es tan difícil animarse a pintar. No es una promesa de que se convierta en artista, porque cada uno va a descubrir si puede o no puede, pero sí me parece que todos podemos pintar, todos podemos agarrar un instrumento, ¿por qué no?, no tiene que ser tan pretenciosa esa primera acción, y me parece que después hay mucha gente que se anima. Me ha pasado mucho, verme trabajar y que digan “yo también puedo pintar, no es tan difícil”. Es lindo ver al otro que se ensucia, te da esa sensación de que no importa nada, que sos libre y que estás bien y sos feliz con lo que hacés, que un poco es cierto. Me parece que eso es lo que la gente siente cuando ve hacer algo de este tipo.

¿Qué proyectos artísticos se vienen?

          Ahora me estoy yendo en febrero a La Quebrada, a Jujuy, a pintar a una escuela, que es un proyecto que tengo hace bastante, voy a recorrer un par de lugares.
            Estoy trabajando mucho en el Chaco, en hacer un mapa con las escuelas rurales. Las quiero recorrer con unas cajas con ruedas que los chicos van a ir interviniendo y con eso después voy a armar una instalación.
            Estoy trabajando en una muestra que va a ser en el Planetario, y creo que va a ser la muestra más importante que voy a hacer este año.
            Después estoy preparando una muestra que va a recorrer por lo menos cuatro ciudades de China, que posiblemente empiece en Shangai a finales del 2012.
            Estoy con varias muestras.
            Estoy  trabajando con unos objetos, unos animales que armé el año pasado y que ahora los voy a pintar. Voy a trabajar en Córdoba, Tucumán, Rosario, Chaco y Buenos Aires. Voy a armar los talleres, trabajar un mes previo y después los presento.

¿La presentación con Santaolalla va a seguir de gira?

          Con Santaolalla es un puntapié inicial de algo que él tiene ganas de sumar con alguna otra cosa. Queda abierto.
            Bueno, yo estoy apretado, también tengo un proyecto que se llama “La gira interminable”, en el que trabajo con una escuela especial, de chicos con problemática down y con el que vamos a recorrer varios lugares [se trata de pintar murales en jardines de infantes especiales], ese es un proyecto que no puedo abandonar… tengo varias cositas que me voy sumando y después no puedo dejar.
            Se viene un año largo de trabajo, pero contento. El año pasado fue un año muy intenso y de mucho viaje y me parece que este año va a ser lo mismo, me siento feliz.

¿En qué acciones sociales estás trabajando actualmente?

          Actualmente estoy trabajando muy comprometido en la construcción de la Casa Garrahan de Chaco, soy un colaborador más, soy el padrino artístico de la casa y soy un colaborador todo el tiempo, con Carlos Alabe, a quien admiro mucho también, que es el arquitecto que está llevando la obra adelante. Él fue el que me llamó para decirme que teníamos que construir esa casa en el Chaco, y los dos nos embarcamos en ese proyecto. Hoy estamos muy contentos de que toda la sociedad nos acompañe en la construcción, y ya pudimos terminar la primera etapa. Es un lugar que va a ayudar a mucha gente, no sólo en nuestra provincia sino también a provincias vecinas.
  También estoy en un proyecto que es la construcción de una escuela toba bilingüe, que tiene apoyo de la Nación y de la Provincia, que tiene a más de 250 artistas comprometidos. Entre ellos Gustavo Santaolalla, que va a ser productor de un disco, de una canción de León Gieco, donde también está Javier Calamaro que es el motor del proyecto. También soy padrino artístico de la escuela, estoy con Artistas Unidos. Hay 200 artistas plásticos que donaron una obra cada uno y con eso vamos a tratar de equipar la escuela, en una subasta. Involucramos mucha gente. Empezó siendo una cosa más chiquita y tomó una dimensión más grande, ahí participó la Nación que va a poner la mitad de la plata, Provincia que va a poner la otra mitad para la parte edilicia, y ya no pensando en una escuela chica sino en una de mayores dimensiones, que abarque un poquito más.
            Son proyectos en los que se involucra mucha gente, que no son personales, uno muchas veces arranca con una expectativa que parece ambiciosa, pero que después cuando se suman, enseguida uno se da cuenta de que hay muchas cosas que se pueden transformar, que se pueden cambiar, y como artista se puede colaborar mucho cuando uno es conocido, porque la gente le cree, uno se convierte en un referente, porque hay cosas que lo respaldan de hechos anteriores, entonces es más fácil armar un proyecto.

¿En qué momento de tu reconocimiento como pintor empezaste con el trabajo social?

          La tuve siempre la parte social. A mí me preocupa mucho el hambre, me preocupan mucho los niños. La niñez me parece que es todo en el desarrollo de un ser humano y pensar en un niño que no tiene las oportunidades, siquiera las necesidades básicas, me da como cosa y me da la inquietud de ver qué puedo resolver o en qué partes puedo ayudar a resolver algo para cambiar eso.
            Aprendí mucho de Juan Carr a quién admiro, a quién tengo mucho respeto y es un gran amigo. Él me dijo una frase que me cambió la cabeza, dijo “Estamos cambiando el mundo”. Parece muy ambicioso y al mismo tiempo es tan sencillo, porque si nos pusiésemos de acuerdo, creo que somos más personas las que queremos cambiar el mundo que las que no.
          Eso me dio mucho aliento y me hizo ver que puedo ayudar, que el arte también puede servir para ayudar y para transformar otras realidades que no son las de uno.

 

Compartir esta nota: