¡Qué difícil es mantener un nivel de lecturas parejo! Los libros por leer se apilan y parecen, siempre, ser más que los leídos: tres, cuatro y hasta diez por cada uno. Esta vez elegí al azar: Elpidio Isla: Esas mujeres de las que hablo, 96 páginas, compacto poca lectura, una buena editorial detrás (Espacio Hudson, Colección Extremo Sur) y la oportunidad de engordar el promedio como dicen los periodistas deportivos. Me habían hablado de Isla; más, confieso, de sus posiciones literarias o personales y políticas, que de su obra. “Existen excelentes escritores patagónicos pero eso no determina la existencia de “una literatura”. Lo de la literatura patagónica es una chapucería que sirve como fuente de trabajo en el “campo de la literatura” como denominan los “académicos” al conglomerado de chantas y buscavidas que también incluye a algunos escritores más preocupados por “pertenecer” que por escribir”.
Me habían hablado de: Esas mujeres de las que hablo como un libro raro, potente, inclasificable, talentoso, con cuentos de no más de una página y otros como novelas cortas.
“La ciudad de los sueños tristes” es una novela publicada en el 95 reescrita como cuento. Algunos poemas (que Isla dice deplorar) tienen su segunda oportunidad, esta vez como excelentes relatos.
En aquella novela “El mundo es lo que es” la obra teatral de Alberto Moravia opera como un capítulo en el que los personajes de Isla aparecen y siguen sin detenerse en la obra. En el que se discute el valor de la palabra (Ediciones Floridablanca 1995). Este capítulo no está en el cuento, por lo que anduve buscando La ciudad de los sueños tristes. La novela, de poco más de 100 páginas, se trata de una suerte de “road movie” editada a principios de los noventa que transcurre un Chevrolet del 57 en un viaje interior que nunca queda claro si es hacia el sur o desde el sur o como dice Queles su personaje “sucede que uno siempre está al sur de alguna parte”. La vida, la muerte, la soledad están encerradas, apretadas podría decir, en estas pocas páginas. La novela es prácticamente inhallable pero vale la pena buscarla o leer: Esas mujeres de las que hablo.
Isla no vive en la Patagonia, es periodista, vive en Buenos Aires desde hace más de veinte años pero reconoce a la Patagonia como su tierra de origen. Su literatura se desarrolla, como la de Faulkner en el sur profundo norteamericano; en este sur, tan profundamente argentino, que es “la Patagonia”. Isla está muy lejos de poder ser definido como un escritor patagónico pero, aún sin nombrarlo, este territorio se respira en cada obra suya. Los climas opresivos de los espacios vacíos que recuerdan a Buzzatti. Harabal, Handke, Donleavy se adivinan entre sus lecturas. En fin, como dice Claudia Sastre en el final de su prólogo: “Un libro que vale la pena leer, comprar o robar. Digo”